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Los maderos arden en silencio, mientras él, implacable, los observa. Está recordando el momento en que nació. Pero las imágenes que flotan en su mente no tienen nada que ver con las una infancia remota, sino de un pasado no muy lejano.

Lo primero que recuerda es abrir los ojos en una habitación oscura y en ruinas, con la suficiente luz para permitirle ver el techo, lo suficientemente oscura como para temerle. Le duele el cuerpo, pero no recuerda por qué, ¿acaso ha dormido demasiado? ¿Ha tenido un accidente? La primera conclusión le parece más acertada, puesto que no siente ninguna venda cubriendo su cuerpo. Sigue recostado, alza su brazo derecho, como tratando de medir la distancia que existe entre él y el techo. Ese es su brazo, aquella es su mano, pero parece que es la primera vez que los ve. Mueve la muñeca, abre y cierra los dedos y siente el crujir de sus músculos y huesos, pero al mismo tiempo, duda que esté sintiendo algo. Los ojos también le duelen, así que baja la mano y vuelve a cerrarlos, pero ante el temor de que la conciencia de sí mismo vuelva a perderse, recapacita y los abre rápidamente, se sienta y mira lo que hay a su alrededor. No hay nada. La habitación está completamente vacía.

Entonces nota un destello, se levanta y se dirige hacia él. Para ese momento está a punto de gritar, pues no entiende lo que pasa. Ahora, el destello muestra lo que es en verdad: un fantasma. Un hombre joven, de cabello color grisáceo y ojos que parecen amatistas. Da un paso hacia atrás. El fantasma también lo hace. Y entonces se da cuenta que es él. Aquella figura fantasmal es él. La sorpresa también se muestra en el reflejo, cómo si negara el hecho de reconocerse en la persona que hay del otro lado. Inhala y exhala profundamente, una y otra vez, cada vez más rápido. No recuerda nada anterior a ese momento, ni siquiera recordaba cómo lucía, ¿qué estaba pasando? ¿Cuál era su nombre? Nada le viene a la mente.

Solomon in MegaTen

Don’t mess with me