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Aprovechando que acaba de salir en Japón la última novela de este autor japonés (El descolorido Tsukuru Tazaki y sus años de peregrinaje), pensé en hacer reminiscencia de cómo lo conocí, cómo me enamoré de sus historias y el sorprendente boom que ha tenido en los últimos años.

Conocí el nombre de Haruki Murakami hace unos 6 o 7 años, quizá un poco más. Curioseando como siempre la sección de libros de Sanborns recuerdo haber visto el título Al sur de la frontera, al oeste del sol. Era la colección Andanzas de Tusquets, de tapa blanda con solapas color negro, título en letras blancas y una imagen que ocupa casi todo el espacio. Me pregunté si sería un autor japonés o sólo un autor con nombre japonés. El libro estaba cubierto en plástico, así que sólo pude leer lo que decía la contraportada; no recuerdo el texto, pero no sonaba extraordinario, cursi incluso, así que sin más devolví el libro a la estantería y seguí mi camino. Tampoco tenía dinero, todo sea dicho, pero supongo que no fue un buen comienzo. Tiempo después encontré  Crónica del pájaro que da cuerda al mundo con un número de páginas considerable, del mismo autor y de la misma colección que la anterior. Quizá allí empezó mi curiosidad por saber quién era ese Haruki Murakami. Por ese entonces conocí el blog de Jorge Romero, quien en una de sus entradas escribía sobre Sputnik, mi amor e incluía un fragmento sobre dicha novela. Recuerdo que cuando lo leí, me entró una sensación extraña; no sé bien cómo definirla, la palabra que me viene a la mente es “vívida”. Recuerdo una luz de luna vista a través de una ventana. Recuerdo el cuerpo de una mujer recostado en una cama e iluminado por aquella luz blanca y recuerdo el cuerpo a espaldas de un hombre que observaba esta misma escena.

Comencé a trabajar, era en la tienda de una tía. El primer sueldo de mi vida. Con mi primer paga compré tres cosas: un pants adidas, mi gundam Heavyarms y Tokio Blues Norwegian Wood, de (por supuesto) Haruki Murakami. No sé si pensé en ir a buscar Sputnik, mi amor o si creí que aún estaría Crónica del pájaro que da cuerda al mundo. Puede que haya visto Norwegian Wood unas semanas antes y al ser del mismo autor me decidiera a comprarlo desde entonces, lo cierto es que este fue el primer libro de Murakami que compré y leí.

Y fue amor al primer párrafo. Literalmente, no lo pude soltar. Quizá también influyó mi edad y carácter, ya que la identificación aparecía con extraña regularidad. Pero más que nada, porque tenía tiempo que no leía un nuevo libro que me brindara “desaparecer”. Cada vez que cerraba el libro me sentía extraño, pues despertaba en una sala, cuando unos segundos antes estaba en un bosque desolado, caminaba por las calles de Tokyo bajo la lluvia o comía pepinos con salsa de soja en un hospital. A veces, hay libros así. También marcó mi entrada a los libros con temas sexuales(o más bien, con palabras) explícitos. Antes de esa lectura no recuerdo haber leído tanto sobre relaciones sexuales. En fin, lo dice una persona que tardó en entender el capítulo del “juguete” en Confesiones de una máscara. Pero bueno, que fue todo un viaje. Allí estaba yo, con ese libro que leía y releía, buscando el Gran Gatsby y copiando en cuanta hoja podía cada párrafo que me gustaba (porque prefiero no subrayar libros).

No sé cuánto tiempo pasó, pero eventualmente encontré Sputnik, mi amor y la historia se repitió. Y después Kafka en la orilla. Y después Sauce Ciego, Mujer dormida, donde también aprendí que había historias que no entendía y terminaban por no gustarme (la del mono). After Dark también fue algo extraña, no porque fuera mala, sino porque era más… ¿gráfica? No sé si es la palabra correcta, pero es que al leerla me daba la impresión de estar viendo una película. Como ver el video de El Aro, unas imágenes raras que no acaban de tener sentido. Tiene cosas buenas, pero debo admitir que después de la primera leída no lo he tocado mucho más. Tal vez sólo soy yo. Quizá un día de estos lo tome de nuevo, lo relea y diga «Pero si he sido un tonto, es una historia perfecta».

No hay mucho más que decir, ya que últimamente hay blogs dedicados a este autor en listas de Nobel con mejor idea de lo que es su obra que yo. De repente me encuentro con personas en mi lista de amigos del facebook que han leído novelas suyas, e incluso ya hay versión cinematográfica de Norwegian Wood, Tony Takitani y un cortometraje sobre no sé qué otra historia. Es interesante ver este fenómeno. Tal vez es porque Haruki Murakami es un buen intermedio entre el mundo occidental y el mundo oriental. Ciudadano del mundo.

Sé que no fui el primero en leer a Haruki Murakami ni seré el último, y no sé si en general es un buen autor o no, pero a mí me gustan sus historias y a muchos otros también. Agradezco que se sigan publicando sus novelas y que éstas lleguen con relativa rapidez a las librerías. Me gusta que la gente suba las imágenes de su colección de libros de Murakami y fotos de sus gatos con libros de Murakami y fanart y demás. Curiosamente, no he podido leer los libros con los que conocí el nombre de este autor. No porque no quiera, sino porque tengo por regla no comprar ninguna otra versión de los libros de Murakami que no sean aquellos de pasta negra con letras blancas de Colección Andanzas de Tusquets. Es una cosa personal, como un tic. Con ellos me introduje a la literatura japonesa contemporánea (con Banana Yoshimoto, de la que ya escribiré) y es mi manera de agradecerles. Y también el que me gusta que mis cosas se vean lo más uniformemente posible. En fin. Y cuando todo hubo acabado, el rey y sus súbditos se mondaron de risa.

Escape to another world