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» El rumor de la lluvia.
» Yo escuchaba en silencio.
Él dijo entonces:
-Qué bello es Japón, ¿verdad?
-¿Cómo? ¿Qué has dicho ahora?
Me sobresalté; creía que estaba durmiendo. Cuando me di la vuelta, vi que me estaba mirando con la cara completamente desvelada, sin rastro de sueño.
-Aquí hay flores de cerezo –dijo.
Pensé que debía estar completamente ebrio, hablándome de las flores de cerezo en verano, pero, sin embargo, respondí:
-Sí, es verdad.
Otohiko hablaba con la cara vuelta hacia la ventana.
-La primavera del primer año que estuve en Japón llovía y llovía. No hacía más que llover. Yo no le veía gracia alguna a Japón y me sentía muy deprimido. Sin embargo, un día de lluvia, me emocioné al ver las flores de cerezo a través de la ventanilla de un taxi. El cielo estaba nublado y el cristal de la ventanilla empañado, como ahora. Apenas se veía algo de fuera. Al otro lado de la ventanilla, junto a la vía del tren, había una tela metálica verde y más allá se vislumbraba, a lo lejos, el color rosado de las flores de cerezo. Había flores por todas partes. Las vi, por primera vez, a través de este doble filtro borroso. Entonces comprendí el misterio de Japón, donde, en primavera, los cerezos ofrecen una auténtica exhibición de flores.»
N.P., trad. de Junichi Matsuura y Lourdes Porta (Barcelona: Tusquets, 1994), 1ª edición en colección Andanzas: julio de 1994.
