Etiquetas

, , ,

… me sentía agobiado por una sensación de temor al pensar en que llegaría a adulto, y la conciencia de que iba creciendo estuvo siempre acompañada de una extraña y penetrante inquietud.

 

En esa ocasión, el cansancio me impidió formularme la pregunta que me había hecho millares de veces: ¿por qué es malo que siga siendo tal cual soy? Estaba harto de mí mismo.

 

Pensaba que quizá con entusiasmo (¡conmovedor pensamiento ciertamente!) podría escapar de mi infantil condición. Parecía que aún no me hubiera dado cuenta de que aquello que me asqueaba era mi verdadera forma de ser, formaba parte de mi verdadera vida. Era como si creyera que aquellos habían sido años de un sueño del que podría escapar a la «verdadera vida».

Sentía la necesidad de comenzar a vivir ¿Comenzar a vivir mi verdadera vida? Incluso en el caso de que se tratara de una pura mascarada y no de mi vida, realmente había llegado el momento en que debía ponerme en marcha, avanzar arrastrando mis pesados pies.

 

Cuando un muchacho de 14 o 15 años descubre que es más dado a la introspección y a la conciencia de sí mismo que la mayoría de los chicos de su misma edad, incurre fácilmente en el error de creer que ello se debe a que ha alcanzado una madurez superior a la de sus compañeros. Ciertamente cometí ese error. En realidad, aquella tendencia a la introspección se debía, en mi caso, a que yo tenía mayor necesidad que los demás de comprenderme a mí mismo. Ellos podían comportarse de acuerdo con su natural manera de ser, en tanto que yo debía interpretar un papel, lo cual exigía notable comprensión y estudio de mí mismo. En consecuencia, no se debía a la madurez, sino a mi sensación de incertidumbre, de incomodidad, que era la que me obligaba a tener pleno conocimiento de mí. Esa conciencia era un puente que me llevaba a la aberración, y, entonces mi manera de pensar tenía que limitarse a la incertidumbre, a la formulación de hipótesis.

 

Confesiones de una máscara, trad. de A. Bosch (Barcelona: Planeta, 1979), 4ta edición en colección Narrativa: junio de 1985.