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Publicaciones de la categoría: Libros

Reseñas, citas de mis libros favoritos, anécdotas…

Fragmentos de «El Poder del Perro» de Thomas Savage

28 miércoles May 2025

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citas, El Poder del Perro, libros, Thomas Savage

Padre, pensó Johnny. Dios mío, qué palabra, qué responsabilidad. Tomó los dibujos. Eran diez, todos de las raíces de plantas cerca del río. Johnny cerró los ojos y se lamió los labios. ¡Cómo le recordaban, en su excelencia, a sus propios y pobres dibujos!

-Estoy profundamente orgulloso -dijo Johnny-. A mí jamás me salieron tan bien.

-Usted me enseñó -dijo Peter. Cuando se fue, Johnny giró el rostro hacia la pared. De modo que el muchacho lo sabía, o lo había oído; en caso contrario, ¿por qué otra razón habría traído esos regalos, si no era por lástima?

Durante el año siguiente, no bebió. Ya no cantaba; la piel de la cara se le estaba aflojando y sus ojos no invitaban a compartir intimidades. Hablaba con pocos y ya nadie lo llamaba Johnny. Una tarde de otoño, cuando ya casi era de noche, y el aire llevaba un fuerte olor a nieve, Johnny regresó de un viaje que había hecho a las colinas que estaban detrás del pueblo. Había asistido a una mujer en el parto de un niño muerto.

Un niño muy pero muy afortunado, pensó. Un alma que jamás fracasaría, jamás se encogería de miedo ante el inexorable principio natural: que los fuertes destruyen a los débiles. Cuando estaba desplanzándose hacia allí en su viejo coche de motor Ford bajó la mirada desde la cima de la colina y vio el polvo que generaban las calesas y los viejos y macilentos caballos montados por los indios expulsados de las últimas tierras que les quedaban en el valle: treinta familias, rumbo a la reserva, convertidos en huéspedes del Gobierno, en destinatarios de una beneficencia mezquina. Así hacen los fuertes con los débiles. A algunos les aplican un tratamiento especial.

Savage, T. (2021). El poder del perro (E. Hojman, Trad.). Alianza Editorial.

Citas y fragmentos de Confesiones de una máscara, de Yukio Mishima III

09 lunes Feb 2015

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citas, libros, Yukio Mishima

 Fuera lo que fuere, supe de manera intuitiva, y con toda certeza, que Omi se había dado cuenta de cómo le miré en aquel instante que había sentido la palpitante fuerza que se transmitió como un relampagueo entre las yemas de nuestros dedos, y que adivinó mi secreto, adivinó que estaba enamorado de él, sí, de él y sólo de él y de nadie más en el mundo.

 

     … Pero en ese caso, lo único que sentí fue la recia e intensa sensación del contacto con el brazo de Omi. Era una sensación que parecía pasar de su brazo al mío, y que, después de entrar en mí, se difundía hasta llenar mi cuerpo. Me di cuenta de que deseaba caminar de aquel modo con Omi hasta el fin del mundo.

 

     -¿La persona que toca el piano promete llegar a ser un buen artista? A veces, el sonido es un poco desafinado, ¿verdad?

-Es mi hermana. La profesora acaba de irse, y mi hermana repasa la lección.

Dejamos de hablar y escuchamos atentamente. Como Kusano tenía que incorporarse a la escuela militar de un momento a otro, era muy probable que no sólo fuera el sonido del piano en la estancia contigua lo que sonara en sus oídos, sino también cierta clase de belleza familiar, cotidiana, algo torpe e irritante que pronto tendría que abandonar. En el tono de los sonidos del piano había una expresión de intimidad, como en los dulces que confecciona un aficionado con la vista fija en el libro de cocina, por lo que no pude resistir la tentación de preguntar:

-¿Qué edad tiene tu hermana?

Kusano repuso:

-Diecisiete años. Es la que viene inmediatamente detrás de mí.

Cuanto más escuchaba, más cuenta me daba de que se trataba del sonido de un piano tocado por una muchacha de diecisiete años, rebosante de sueños, inconsciente aún de su propia belleza, que todavía conserva rastros de la infancia en las puntas de los dedos. En mi fuero interno rogué que jamás dejara de tocar el piano.

Y mi ruego fue atendido. Hoy, cinco años después, dentro de mi corazón, aquel piano sigue sonando.

 

Mishima, Yukio. ([1979]1985). Confesiones de una máscara. México. Editorial Planeta. 220 pp.

Algunas notas sobre Kokoro, de Natsume Sōseki

31 domingo Ago 2014

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Aoi Bungaku Series, citas, Kokoro, libros, literatura japonesa, Natsume Soseki, opinión

Siempre lo llamé “Sensei”. Por tanto me referiré a él simplemente como “Sensei” y no por su nombre real. No lo hago porque lo considere más discreto sino porque lo encuentro más natural. Cuando algún recuerdo suyo me viene a la mente, descubro que aún pienso en él como “Sensei”. Y con pluma en mano, no puedo forzarme a escribir sobre él en ninguna otra forma.

Kokoro es un libro que me ha gustado mucho. No lo digo porque sea un clásico japonés sino porque ahora entiendo el por qué es un clásico. Debido a la traducción de la palabra que da título al libro, se puede caer en el error de pensar que esta historia trata principalmente sobre un romance, pero no es así. Y si se ha visto la versión de Aoi Bungaku Series puede persistir este error, pero no es así. Kokoro, palabra traducida de manera popular simplemente como “corazón”, es tal como El corazón de las tinieblas, de Conrad.

Si pudiera hacer una comparación, diría que es un caso similar al libro y la más reciente película de El Gran Gatsby. Ambas comparten personajes y algunos de los diálogos son iguales, e incluso hay momentos donde la esencia del material original se ve en la adaptación, pero al final el tema es otro. Con esto mi intención no es decidir si el libro es mejor que la versión animada o viceversa, pues en la mayoría de los casos considero que ese tipo de discusiones es inútil. Yo disfruté de ambas y las considero muy recomendables, pero creo que es rescatable hacer notar que no tratan los mismos temas porque de esa forma se puede ampliar el panorama sobre la historia y lo que muestra.

La versión de Aoi Bungaku está centrada en la tercera parte del libro y básicamente presenta uno de los temas clásicos: dos hombres que se pelean por una mujer.  En este caso Oujosan, la hija de la casera de Sensei. Al finalizar de verla por primera vez, recuerdo que me pregunté cuál habría sido la versión verdadera o si debido a su manera de ser, Sensei y K habían visto las cosas de forma distinta. “Este fue un verano maravilloso” dice la nota de K al final de la versión de Sensei; “Este invierno fue cálido” en la versión del propio K. De Sensei no se nos revela gran cosa excepto que estudia mucho (de allí que Oujosan le apode Sensei) y que sus familiares le abandonaron al morir sus padres. La calidez humana la volvió a sentir después de conocer a Okusan y Oujosan. Físicamente parece un Light Yagami, aunque más delgado y con ojeras.  Por otra parte K es un hombre determinado en encontrar “el verdadero camino”, de pocas palabras y con una fuerza viril muy marcada, alto y moreno, parecido a un Ronin, aunque no se presenta como especialmente atractivo. Es esta forma de imponerse la que parece intimidar a Sensei.

Hay una escena que me gusta mucho, en la cual los tres personajes se encuentran en un pequeño callejón durante un día de lluvia; más allá de la belleza visual, en mi opinión este momento marca apropiadamente la diferencia entre las visiones de los personajes principales en Aoi Bungaku. En esta escena, Sensei se dirige hacia un lado mientras Oujosan y K van en sentido contrario. Sin embargo, el pasillo que deben atravesar es tan estrecho que uno de los dos hombres debe hacerse al lado para dejar pasar al otro. Ojousan va delante de K y ya sea por educación o cortesía, Sensei es el que se hace a un lado para dejarla pasar, y por tanto dejar que K pase frente a él, detrás de ella. En la visión de Sensei, este hecho es duro para él, pues  K parece como una sombra que no desaparece, a toda vista superior y así su resentimiento crece. Pero en la visión de K la situación es inversa, pues la presencia de Sensei le parece un recordatorio de que se está alejando del camino que buscaba con ahínco. Es K el que se siente perdido e inferior. Esta esencia de cómo K se muestra acorralado por las emociones  que él consideraba banales es un punto que encaja más a lo mostrado en el libro.

Otra cosa es el interés de Oujosan por K, pues sirve para contrastar a los dos hombres y su visión de la feminidad y de ellos mismos. En la versión de Sensei, Oujosan se presenta como una joven un poco infantil y frágil, temerosa del extraño aunque amable por educación y naturaleza; mientras que en la versión de K es lo opuesto, pues no sólo es más proactiva en su relación con éste, en la cual el deseo carnal se ve presente, sino que además es una mujer mucho más decidida y manipuladora, por decirlo de alguna forma. La fuerza viril de K y la ingenuidad de su carácter, en contraste con la intelectualidad femenina de Sensei y su oscuro interior, tal parece ser lo que ofrece Oujosan a la trama.

También me pareció que en Aoi Bungaku los sentimientos de Sensei por Oujosan parecen consecuencia de las circunstancias y adjudiqué sus últimas palabras a este mismo hecho. Como si pudiera ver hacia atrás y darse cuenta de su error y como fue conducido a él. En el libro, por otra parte, su declaración es más clara: su razón se detiene en la presencia de Oujosan y su amor por ella es más cercano a un tipo de devoción. Debido a que nos son narrados los hechos que llevaron a Sensei a ser como es, su forma de actuar resulta más natural y comprensible, mientras que al omitirse este hecho en la versión animada, su comportamiento no termina por convencer de que esté peleando por una mujer y se ve más como víctima de las circunstancias, alguien que no supo enfrentar la situación debido a su propia inexperiencia y porque alguien más jalaba los hilos detrás suyo.

La visión literaria se me antoja más como una comparación entre la visión de dos generaciones. Por una parte está el protagonista y narrador, un joven universitario que descubre a Sensei casualmente y por el cual, desde el primer encuentro, queda fascinado y busca entender. De la otra está Sensei, un hombre mayor, ya casado y muy solitario, pero que pese a lo imaginado, encuentra  a un amigo en este joven que aparece de forma repentina en su vida. Alguien que lo quiere comprender de verdad.

La única persona que comparte el interés del narrador en la forma de ser del enigmático personaje es la propia esposa de Sensei, con quien suele charlar para descubrir más sobre él, aunque ella misma acepte que su esposo también es reservado con ella.

En el libro, es el narrador quien llama al misterioso personaje “Sensei” desde el primer encuentro y sin conocer nada sobre él, mientras que el hombre parece burlarse cínicamente de este hecho. El narrador quería aprender de la vida y tomó a Sensei por maestro. Él tenía expectativas de Sensei y durante el tiempo que convivieron, siempre pareció que vivía entre superado por éstas y decepcionado por el poco interés que mostraba Sensei en cumplirlas.

La soledad es el precio que debemos  pagar por haber nacido en esta época moderna, tan llena de libertad, de independencia y de nuestra propia naturaleza egoísta.

Igual de interesante es ver la comparación que hace el narrador sobre su padre y Sensei. Por un lado está el hombre rural, común y partícipe de la vida social, mientras que del otro está aquel que se recluye así mismo, un misántropo, el citadino intelectual con ninguna ocupación más que dar paseos por la ciudad sumido en pensamientos. Y sin embargo, cuando muere el Emperador, tanto Sensei (que no es muy afecto a la vida imperial) como el padre (que sí lo es), sienten que algo se ha perdido, que ellos ya no pertenecen a aquel tiempo. Como si ambos sucumbieran a la enfermedad de la modernidad.

«El problema con la educación» dijo mi padre, «es que vuelve al hombre argumentativo».

Natsume Sōseki fue de los primeros en explorar el género de la novela en Japón y es reconocido por ser pionero del estudio de la lengua inglesa en su país, además de uno los escritores modernos  más respetados del mismo. De acuerdo con Carlos Rubio en El Japón de Murakami, durante aquella época este género tenía tan poca popularidad entre los japoneses, que el hecho de que Sōseki abandonara su puesto universitario para escribir novelas causó conmoción.

La obra se siente muy actual, aunque al ser una versión traducida, no es preciso saber qué tanto la escritura de Sōseki es en realidad así, o si se debe en mayor medida al trabajo del traductor, pero el hecho de que él mismo diga que Kokoro posee esa (perfecta) simpleza y que trató de mantenerla lo más posible para transmitir la esencia del libro, me tranquilizó y es algo de agradecer. Si bien no soy experto como para juzgar su trabajo, a mí me pereció muy bueno porque incluye notas cuando tiene que hacerlo y mantiene las formas originales en donde debe, para dar énfasis a la época y tipo de relaciones que hay entre los personajes.

En resumen, tanto en la versión animada como la escrita, Kokoro es una historia qué debe ser vista y leída, terriblemente hermosa y que puede llegar a lo más profundo de nosotros. En lo personal, siento que cada vez puedo descubrir algo nuevo en ella.

Y viendo su rostro, me pregunté cómo un hombre así podía llevar tanto odio en su corazón. Sus ojos y sonrisa afable, no parecían los de un misántropo.

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Sōseki, Natsume. Kokoro. (Nueva York: Dover, 2006). Archivo Kindle.

Aoi Bungaku Series: Kokoro. Shigeyuki Miya y Mika Abe. Madhouse, 2009.

Nota: Si la traducción en español parece un poco torpe, esto se debe a que es mía y no la excelentemente realizada en inglés por Edwin McClellan.

Citas y fragmentos de Haruki Murakami I

21 miércoles May 2014

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citas, Haruki Murakami, Sauce ciego mujer dormida

A veces tengo un sueño-dijo el joven de la silla de ruedas. El extraño eco de su voz hacía pensar que ésta procedía del fondo de un profundo agujero-. Dentro de mi cabeza, hay un cuchillo clavado en diagonal en la mórbida carne de mis recuerdos. Está clavado muy hondo. Pero no me duele. Tampoco noto su peso. Sólo está ahí clavado. Yo lo contemplo desde otro lugar, como si fuera algo ajeno. Y deseo que alguien me extraiga el cuchillo. Pero nadie sabe que está ahí clavado. Pienso en sacármelo yo mismo, pero no alcanzo con las manos. Es muy extraño. He podido clavármelo, sin embargo, ahora, no puedo extraerlo. Mientras tanto, las cosas comienzan a borrarse paulatinamente. Yo mismo voy palideciendo, poco a poco, y desaparezco. Al final sólo queda el cuchillo. El cuchillo siempre permanece hasta el final. Como el blanco fósil de un animal prehistórico que ha quedado en la orilla del mar…

 

Murakami, Haruki. «El cuchillo de caza». Sauce ciego, mujer dormida. México:Tusquets, 2008. 99-115. Impreso.

Citas y fragmentos de Caballos desbocados, de Yukio Mishima

12 lunes May 2014

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Caballos desbocados, citas, lealtad, Yukio Mishima

Tiene que ver con la lealtad. Supongamos que hago con mis manos albóndigas de arroz tan calientes que me queman. Mi propósito es regalarlas a Su Majestad. Ofrecérselas en su Sagrada Presencia. Y ahora viene la respuesta. Si Su Majestad no tiene apetito, desechará bruscamente mi ofrenda, o bien acaso le divierta decirme, ¿pretendes que coma algo tan soso?, y podría arrojármelo a la cara. En ese caso yo tendría que retirarme con los granos de arroz pegados a mi rostro y, muy reconocido, abrirme de inmediato el vientre.  En cambio, si Su Majestad sintiese apetito y no tuviese a mal comerse las albóndigas de arroz, no me quedaría otro camino más que el de abrirme el vientre lleno de agradecimiento. ¿Por qué? Porque hacer albóndigas de arroz que sirvan de alimento  a Su Majestad Sagrada con manos tan torpes como las mías es un pecado que merece mil muertes como castigo. Para terminar, supongamos que hago albóndigas de arroz que sirvan de ofrenda, pero que las guarde entre mis manos y no las obsequie. ¿Qué pasaría? Tras cierto tiempo, el arroz se pasaría. También este sería un acto de lealtad; pero yo llamaría a eso una lealtad sin coraje. La lealtad de los valientes es la propia del hombre que, sin temer a la muerte, osa obsequiar las albóndigas de arroz que ha hecho con sus manos, animado por una devoción completa.

 

Mishima, Yukio. Caballos desbocados (Madrid: Alianza, 2007).

Sobre Kitchen, de Banana Yoshimoto

05 lunes May 2014

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Banana Yoshimoto, citas, Kitchen, libros, nostalgia

Creo que la cocina es el lugar del mundo que más me gusta. En la cocina, no importa de quien ni cómo sea, o en cualquier sitio donde se haga comida, no sufro. Si es posible, prefiero que sea funcional y que esté muy usada. Con los trapos secos y limpios, y los azulejos blancos y brillantes.

Incluso las cocinas sucísimas me encantan.

Aunque haya restos de verduras esparcidos por el suelo y esté tan sucio que la suela de las zapatillas quede ennegrecida, si la cocina es muy grande, me gusta. Si allí se yergue una nevera enorme,  llena de comida como para pasar un invierno, me gusta apoyarme en su puerta plateada. Cuando levanto los ojos de la cocina de gas grasienta y del cuchillo oxidado, en la ventana brillan estrellas solitarias.

Sólo estamos la cocina y yo. Pero creo que es mejor que pensar que en este mundo estoy yo sola.

 

Así comienza Kitchen, el primer libro de Banana Yoshimoto, y también uno de mis primeros contactos con Japón fuera del manga y el anime.

Descubrí este libro cuando tenía trece años y aún lo atesoro. Probablemente sea mi  equivalente a la saga de Harry Potter: cargaba con él a todas partes, lo releía una y otra vez hasta aprenderme de memoria mis partes favoritas. Cuando se empezaron a desprender las hojas, compré pegamento y las pegué con cuidado, lo forré con plástico para evitar que se manchara la portada. En cuanto se vencía el préstamo, lo renovaba nuevamente.

 

Durante un tiempo también fue algo así como mi gusto culposo.

No tenía mucho que me había puesto a leer novelas, pero todos eran clásicos. Estaba pasando por mi fase de “los rusos son los mejores escritores sobre la faz de la Tierra” (que probablemente aún conservo) y me había convencido de que sólo aquellos libros «bautizados por el paso del tiempo» valían la pena. Banana Yoshimoto estaba viva y escribiendo libros; mi cara no cabía de la vergüenza.

Pero Kitchen era más como tener una charla agradable con sus personajes y no lo podía evitar. Cada escena estaba cargada de significado. Ahora que puedo ver hacia atrás, me doy cuenta que aunque en aquel tiempo no conocía lo que era la verdadera nostalgia, eso era parte de lo que me hacía sentir. Añoranza y nostalgia, un punto de contacto. Como cuando en Evangelion hay escenas del atardecer, o de Shinji acostado en medio de la oscuridad de su habitación y sólo hay diálogo o ruidos en medio del silencio.

 

Una pluma era, en sí misma y en importancia, algo completamente diferente para ella y para él. Quizá también haya en este mundo alguien que ame apasionadamente las plumas.

 

Es por Kitchen que tomé cierto gusto por las cocinas y cocinar (aunque no sea bueno en ello), e incluso es la razón de por qué terminó gustándome hacer quehaceres como lavar los trastos.

Es por Kitchen que empecé a ver el té de forma distinta. Antes de este libro todo el té me sabía igual, pero de repente descubrí cómo puede enlazarse con el ánimo y el ambiente que me rodea. El día que bebí mi primera taza de Earl Gray fui transportado a aquel mundo: el sofá, la cocina de los Tanabe, Tokyo… me encanta ese sabor y aroma «parecido al jabón».

Kitchen también me abrió los ojos ante lo ordinario e irremplazable, «que por lo demás son (eran) cosas muy triviales».

Y finalmente, gracias a Kitchen mi amor por los libros creció, porque me di cuenta que tal como Mikage ama las cocinas, yo amo los libros. Alguna vez llegué a transcribir el primer párrafo de la novela pero con las palabras libros y biblioteca, en lugar de cocina; quizá fue una tontería, pero en aquel momento sentí que esos eran exactamente mis pensamientos por fin expresados hacia aquellos objetos.

Aunque este libro sea bastante sencillo, está rodeado de todas esas cosas que no hacen más que hacerlo imprescindible a mis ojos a pesar de los años. Quizá no tenga las historias más extraordinarias del mundo, pero tienen “algo”. Aquello que está presente en lo efímero. No sé si definirlo como sensibilidad japonesa, pero al leerlo, mantiene aquello que también está presente en Murakami, en Mishima, en Kawabata. Y es irreemplazable.

O quizá estoy exagerando y simplemente es mi Harry Potter.

Nunca lo sabré.

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Kitchen, trad. de Junichi Matsuura y Lourdes Porta (Barcelona: Tusquets, 1991), 3ra edición en colección Andanzas: abril de 1994.

Citas y Fragmentos de Confesiones de una máscara, de Yukio Mishima II

21 martes Ene 2014

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citas, Confesiones de una máscara, libros, Yukio Mishima

… me sentía agobiado por una sensación de temor al pensar en que llegaría a adulto, y la conciencia de que iba creciendo estuvo siempre acompañada de una extraña y penetrante inquietud.

 

En esa ocasión, el cansancio me impidió formularme la pregunta que me había hecho millares de veces: ¿por qué es malo que siga siendo tal cual soy? Estaba harto de mí mismo.

 

Pensaba que quizá con entusiasmo (¡conmovedor pensamiento ciertamente!) podría escapar de mi infantil condición. Parecía que aún no me hubiera dado cuenta de que aquello que me asqueaba era mi verdadera forma de ser, formaba parte de mi verdadera vida. Era como si creyera que aquellos habían sido años de un sueño del que podría escapar a la «verdadera vida».

Sentía la necesidad de comenzar a vivir ¿Comenzar a vivir mi verdadera vida? Incluso en el caso de que se tratara de una pura mascarada y no de mi vida, realmente había llegado el momento en que debía ponerme en marcha, avanzar arrastrando mis pesados pies.

 

Cuando un muchacho de 14 o 15 años descubre que es más dado a la introspección y a la conciencia de sí mismo que la mayoría de los chicos de su misma edad, incurre fácilmente en el error de creer que ello se debe a que ha alcanzado una madurez superior a la de sus compañeros. Ciertamente cometí ese error. En realidad, aquella tendencia a la introspección se debía, en mi caso, a que yo tenía mayor necesidad que los demás de comprenderme a mí mismo. Ellos podían comportarse de acuerdo con su natural manera de ser, en tanto que yo debía interpretar un papel, lo cual exigía notable comprensión y estudio de mí mismo. En consecuencia, no se debía a la madurez, sino a mi sensación de incertidumbre, de incomodidad, que era la que me obligaba a tener pleno conocimiento de mí. Esa conciencia era un puente que me llevaba a la aberración, y, entonces mi manera de pensar tenía que limitarse a la incertidumbre, a la formulación de hipótesis.

 

Confesiones de una máscara, trad. de A. Bosch (Barcelona: Planeta, 1979), 4ta edición en colección Narrativa: junio de 1985.

Citas y fragmentos de N.P., de Banana Yoshimoto I

22 sábado Jun 2013

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Banana Yoshimoto, citas, Libro, N.P.

» El rumor de la lluvia.

» Yo escuchaba en silencio.
Él dijo entonces:
-Qué bello es Japón, ¿verdad?
-¿Cómo? ¿Qué has dicho ahora?
Me sobresalté; creía que estaba durmiendo. Cuando me di la vuelta, vi que me estaba mirando con la cara completamente desvelada, sin rastro de sueño.
-Aquí hay flores de cerezo –dijo.
Pensé que debía estar completamente ebrio, hablándome de las flores de cerezo en verano, pero, sin embargo, respondí:
-Sí, es verdad.
Otohiko hablaba con la cara vuelta hacia la ventana.
-La primavera del primer año que estuve en Japón llovía y llovía. No hacía más que llover. Yo no le veía gracia alguna a Japón y me sentía muy deprimido. Sin embargo, un día de lluvia, me emocioné al ver las flores de cerezo a través de la ventanilla de un taxi. El cielo estaba nublado y el cristal de la ventanilla empañado, como ahora. Apenas se veía algo de fuera. Al otro lado de la ventanilla, junto a la vía del tren, había una tela metálica verde y más allá se vislumbraba, a lo lejos, el color rosado de las flores de cerezo. Había flores por todas partes. Las vi, por primera vez, a través de este doble filtro borroso. Entonces comprendí el misterio de Japón, donde, en primavera, los cerezos ofrecen una auténtica exhibición de flores.»

N.P., trad. de Junichi Matsuura y Lourdes Porta (Barcelona: Tusquets, 1994), 1ª edición en colección Andanzas: julio de 1994.

Sobre Haruki Murakami

14 domingo Abr 2013

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Haruki Murakami, Libro, Norwegian Wood, opinión, Recuerdos

Aprovechando que acaba de salir en Japón la última novela de este autor japonés (El descolorido Tsukuru Tazaki y sus años de peregrinaje), pensé en hacer reminiscencia de cómo lo conocí, cómo me enamoré de sus historias y el sorprendente boom que ha tenido en los últimos años.

Conocí el nombre de Haruki Murakami hace unos 6 o 7 años, quizá un poco más. Curioseando como siempre la sección de libros de Sanborns recuerdo haber visto el título Al sur de la frontera, al oeste del sol. Era la colección Andanzas de Tusquets, de tapa blanda con solapas color negro, título en letras blancas y una imagen que ocupa casi todo el espacio. Me pregunté si sería un autor japonés o sólo un autor con nombre japonés. El libro estaba cubierto en plástico, así que sólo pude leer lo que decía la contraportada; no recuerdo el texto, pero no sonaba extraordinario, cursi incluso, así que sin más devolví el libro a la estantería y seguí mi camino. Tampoco tenía dinero, todo sea dicho, pero supongo que no fue un buen comienzo. Tiempo después encontré  Crónica del pájaro que da cuerda al mundo con un número de páginas considerable, del mismo autor y de la misma colección que la anterior. Quizá allí empezó mi curiosidad por saber quién era ese Haruki Murakami. Por ese entonces conocí el blog de Jorge Romero, quien en una de sus entradas escribía sobre Sputnik, mi amor e incluía un fragmento sobre dicha novela. Recuerdo que cuando lo leí, me entró una sensación extraña; no sé bien cómo definirla, la palabra que me viene a la mente es “vívida”. Recuerdo una luz de luna vista a través de una ventana. Recuerdo el cuerpo de una mujer recostado en una cama e iluminado por aquella luz blanca y recuerdo el cuerpo a espaldas de un hombre que observaba esta misma escena.

Comencé a trabajar, era en la tienda de una tía. El primer sueldo de mi vida. Con mi primer paga compré tres cosas: un pants adidas, mi gundam Heavyarms y Tokio Blues Norwegian Wood, de (por supuesto) Haruki Murakami. No sé si pensé en ir a buscar Sputnik, mi amor o si creí que aún estaría Crónica del pájaro que da cuerda al mundo. Puede que haya visto Norwegian Wood unas semanas antes y al ser del mismo autor me decidiera a comprarlo desde entonces, lo cierto es que este fue el primer libro de Murakami que compré y leí.

Y fue amor al primer párrafo. Literalmente, no lo pude soltar. Quizá también influyó mi edad y carácter, ya que la identificación aparecía con extraña regularidad. Pero más que nada, porque tenía tiempo que no leía un nuevo libro que me brindara “desaparecer”. Cada vez que cerraba el libro me sentía extraño, pues despertaba en una sala, cuando unos segundos antes estaba en un bosque desolado, caminaba por las calles de Tokyo bajo la lluvia o comía pepinos con salsa de soja en un hospital. A veces, hay libros así. También marcó mi entrada a los libros con temas sexuales(o más bien, con palabras) explícitos. Antes de esa lectura no recuerdo haber leído tanto sobre relaciones sexuales. En fin, lo dice una persona que tardó en entender el capítulo del “juguete” en Confesiones de una máscara. Pero bueno, que fue todo un viaje. Allí estaba yo, con ese libro que leía y releía, buscando el Gran Gatsby y copiando en cuanta hoja podía cada párrafo que me gustaba (porque prefiero no subrayar libros).

No sé cuánto tiempo pasó, pero eventualmente encontré Sputnik, mi amor y la historia se repitió. Y después Kafka en la orilla. Y después Sauce Ciego, Mujer dormida, donde también aprendí que había historias que no entendía y terminaban por no gustarme (la del mono). After Dark también fue algo extraña, no porque fuera mala, sino porque era más… ¿gráfica? No sé si es la palabra correcta, pero es que al leerla me daba la impresión de estar viendo una película. Como ver el video de El Aro, unas imágenes raras que no acaban de tener sentido. Tiene cosas buenas, pero debo admitir que después de la primera leída no lo he tocado mucho más. Tal vez sólo soy yo. Quizá un día de estos lo tome de nuevo, lo relea y diga «Pero si he sido un tonto, es una historia perfecta».

No hay mucho más que decir, ya que últimamente hay blogs dedicados a este autor en listas de Nobel con mejor idea de lo que es su obra que yo. De repente me encuentro con personas en mi lista de amigos del facebook que han leído novelas suyas, e incluso ya hay versión cinematográfica de Norwegian Wood, Tony Takitani y un cortometraje sobre no sé qué otra historia. Es interesante ver este fenómeno. Tal vez es porque Haruki Murakami es un buen intermedio entre el mundo occidental y el mundo oriental. Ciudadano del mundo.

Sé que no fui el primero en leer a Haruki Murakami ni seré el último, y no sé si en general es un buen autor o no, pero a mí me gustan sus historias y a muchos otros también. Agradezco que se sigan publicando sus novelas y que éstas lleguen con relativa rapidez a las librerías. Me gusta que la gente suba las imágenes de su colección de libros de Murakami y fotos de sus gatos con libros de Murakami y fanart y demás. Curiosamente, no he podido leer los libros con los que conocí el nombre de este autor. No porque no quiera, sino porque tengo por regla no comprar ninguna otra versión de los libros de Murakami que no sean aquellos de pasta negra con letras blancas de Colección Andanzas de Tusquets. Es una cosa personal, como un tic. Con ellos me introduje a la literatura japonesa contemporánea (con Banana Yoshimoto, de la que ya escribiré) y es mi manera de agradecerles. Y también el que me gusta que mis cosas se vean lo más uniformemente posible. En fin. Y cuando todo hubo acabado, el rey y sus súbditos se mondaron de risa.

Escape to another world

Citas y fragmentos de Confesiones de una máscara, de Yukio Mishima I

15 viernes Mar 2013

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citas, Confesiones de una máscara, Libro, Mishima, Yukio Mishima

Riotaro hizo inmediatamente lo preciso para ingresar en aquel círculo de nuevos amigos. Estaba convencido de que conseguiría vencer aquella irrazonable melancolía y aquel aburrimiento que le afligían por el medio de ser –o fingir ser- un poco alegre por lo menos. La credulidad, que es la caricatura de la creencia, le había dejado en un estado de incandescente reposo. Siempre que participaba en cualquier deleznable broma o ingeniosidad, se decía: «Ahora no estoy triste, ahora no me aburro». A esto le llamaba «olvidar los problemas».

Mucha es la gente que duda si es feliz o no, si está alegre o no. Ése es el natural estado de la felicidad, por cuanto la duda es sumamente natural. Sólo Riotaro declara «soy feliz» y se convence a sí mismo de que lo es.

Debido a eso, la gente suele creer en la mal llamada «indudable felicidad» de Riotaro. Y de esa forma algo muy leve, pero real, se introduce en una poderosa máquina de fabricación de falsedades. La máquina comienza a funcionar con gran eficacia. Y la gente ni siquiera se da cuenta de que Riotaro no es más que una máscara de autoengaños.

Mishima, Yukio. ([1979]1985). Confesiones de una máscara. México. Editorial Planeta. 220 pp.

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