Citas y fragmentos de Caballos desbocados, de Yukio Mishima

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Tiene que ver con la lealtad. Supongamos que hago con mis manos albóndigas de arroz tan calientes que me queman. Mi propósito es regalarlas a Su Majestad. Ofrecérselas en su Sagrada Presencia. Y ahora viene la respuesta. Si Su Majestad no tiene apetito, desechará bruscamente mi ofrenda, o bien acaso le divierta decirme, ¿pretendes que coma algo tan soso?, y podría arrojármelo a la cara. En ese caso yo tendría que retirarme con los granos de arroz pegados a mi rostro y, muy reconocido, abrirme de inmediato el vientre.  En cambio, si Su Majestad sintiese apetito y no tuviese a mal comerse las albóndigas de arroz, no me quedaría otro camino más que el de abrirme el vientre lleno de agradecimiento. ¿Por qué? Porque hacer albóndigas de arroz que sirvan de alimento  a Su Majestad Sagrada con manos tan torpes como las mías es un pecado que merece mil muertes como castigo. Para terminar, supongamos que hago albóndigas de arroz que sirvan de ofrenda, pero que las guarde entre mis manos y no las obsequie. ¿Qué pasaría? Tras cierto tiempo, el arroz se pasaría. También este sería un acto de lealtad; pero yo llamaría a eso una lealtad sin coraje. La lealtad de los valientes es la propia del hombre que, sin temer a la muerte, osa obsequiar las albóndigas de arroz que ha hecho con sus manos, animado por una devoción completa.

 

Mishima, Yukio. Caballos desbocados (Madrid: Alianza, 2007).

30 días de anime, primera parte

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Estoy practicando el escribir regularmente y pensé que quizá podría relajarme y encontrar inspiración a través de este desafío que solía ser popular en TinierMe. Por tanto, aquí voy:


Fly

  1. Mi primer anime

Sé que entre los primeros se encuentran Las aventuras de Fly (Dai no bouken), Candy Candy y Caballeros del Zodiaco (Saint Seiya). Escoger mi favorito entre el primero y último sería imposible. Por otra parte, una anécdota sobre mi contacto con Candy Candy de aquellos tiempos, es que un día una tía me llevó unos libros con ilustraciones que resultaron ser la colección del manga a color y en español, que su amiga le había prestado (no sé cómo y no sé por qué) para que yo los leyera.  Hasta la fecha me siento honrado porque yo jamás le prestaría a un niño de 6-7 años ninguno de mis manga y menos a través de una amiga del trabajo.

 

SlamDunk

  1. Anime favorito hasta la fecha

Slam Dunk. En primera, porque me parece que la idea es simple y está ejecutada de forma sensacional. En segunda, es una serie de mi infancia y la nostalgia me impedirá siempre separarla de esa época. En tercera, a pesar de los años me sigue entreteniendo. Creo que es una de esas series clásicas que le hacen clic a muchos por los mismos motivos y no creo estar equivocado porque haciendo cuentas rápidas, puedo nombrar al menos 4 dramas y 2 anime donde le hacen referencia. Algo debe hacer bien.

No sólo es pasión por el baloncesto (yo ni siquiera juego bien y muy apasionado que digamos a la NBA no soy), es que los personajes no son planos y está lleno de situaciones entrañables. Mitsui, perseguido por lo que fue y por lo que dejó. Jin, que se volvió experto en los tiros de 3 puntos a base de intenso entrenamiento porque no quiso ser un jugador ordinario. Shoyo, que tuvo que aceptar que su sueño de tres años se desvanecía. Como puede formarse la amistad y/o el respeto a base de golpes. Que un buen jugador no siempre comienza siéndolo, tal como Ouzumi, Akagi o Sakuragi. Como, aunque estemos en la banca o seamos espectadores, podemos hacer nuestro en el sueño de “ganar el campeonato nacional”.

 

Rei

  1. Mi anime crush

Ésta es difícil de responder porque no tengo un personaje así, pero quizá Ayanami, de Evangelion, podría acercarse a eso. No es que sea sólo hermosa del tipo que roba el aliento, sino que ese aire de humano aprendiendo a ser humano me generó mucha curiosidad en su momento. Dado que tengo cierta tendencia que me gusten los personajes de con el color de pelo en el rango blanco-azul y ojos color rojo, podría atribuirle parte de la culpa a ella aceptando que marcó una pauta para que me gusten ese tipo de personajes.

 

  1. Anime que me da vergüenza el que me guste

No tengo ninguno.

 

Dino-san04

  1. Personaje de anime al cual te pareces (o desearías parecerte)

No creo que haya uno al cual me parezco pero diría que podría ser una mezcla entre Asou (School Rumble) y Ootani (Lovely Complex), mezclada con la parte torpe de Dino (KHR). Algo así.

Lo que estoy viendo de la temporada

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Knights of Sidonia. La serie que espero con ansias cada semana. Como ya es común en mí, fue en el momento que escuché el opening (absolutamente genial) que me dije: “esto promete más de lo que me están mostrando” y no me equivoqué. Los personajes me han encantado, desde el(los) protagonista(s) hasta los secundarios (lo cual me causó una conmoción la semana anterior) y los misterios que se nos han revelado ya dan para interesantes especulaciones. La ambientación es magnífica, con esos toques sepias en lo terrenal en contraste con la tecnología y lo oscuro y profundo del espacio. Aunque  tiene ciertas cosas que me parecen confusas o inverosímiles (básicamente lo que queda de la humanidad vive en una nave-planeoide  que cuando estás dentro de Sidonia parece una ciudad con día y noche bastante normal, pero que cuando la ves desde el espacio parece un trozo de tierra incrustado en una nave, lo que significaría que su tamaño es de… Ese tipo de cosas), estoy dispuesto a perdonarlas y no darle mucha importancia si la historia sigue así de interesante. EL CG tampoco es algo que me moleste aunque me pareció extraño al principio. Y sí, le puede dar el aire a otras series populares que hay por allí, pero no le veo problema a eso ya que cada una tiene lo suyo.

Como quiero ser sorprendido por la trama he decidido no ver más allá del anime por el momento, pero ya que al perecer sólo será de 12 episodios, al finalizar sin duda me pondré al corriente con el manga e indagaré más la historia.

 

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Mekakucity actors. A inicios de año empecé a notar que en Tumblr posteaban muchas imágenes de algo llamado Kagerou Project. Me gustaban los diseños de personajes y la manera en que usaban los colores, así que de forma muy superficial busqué qué era y me propuse ver los mv en cuanto tuviera tiempo, lo cual olvidé hasta hace un mes, cuando se estrenó el anime basado en el susodicho proyecto musical vocaloid. El primer capítulo me dejó lo suficientemente interesado como para ponerme a verlos de inmediato, lo cual no es tan buena idea si uno se quiere emocionar con la serie ya que ahora siento que me espoilé algunas cosas (o bastantes). Pero bueno, Transparent answer y Lost time memory ya están en mi lista de canciones favoritas de la temporada y eso es lo que importa.

 

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Mushishi (2da temporada). No sé si es por mi interés en la Biología que esta serie me parece particularmente extraordinaria. La manera en la que Ginko trata de encontrar respuesta a los sucesos extraños que le ocurren a las personas que va conociendo durante sus viajes, me parecen tan parecidos a lo que hacían muchos naturalistas que no puedo hacer más que sonreír y sonreír. Y es que posee una mezcla de mística y búsqueda de la verdad que la invaden de esta forma de poesía visual con los diálogos, con los paisajes, con las acciones de los personajes que se ven envueltos.  Es tal como me imagino que fue y aún es ir descubriendo la complejidad del mundo que nos rodea y del cual formamos parte. Los fundamentos de la ciencia, vaya.

 

Sobre Kitchen, de Banana Yoshimoto

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Creo que la cocina es el lugar del mundo que más me gusta. En la cocina, no importa de quien ni cómo sea, o en cualquier sitio donde se haga comida, no sufro. Si es posible, prefiero que sea funcional y que esté muy usada. Con los trapos secos y limpios, y los azulejos blancos y brillantes.

Incluso las cocinas sucísimas me encantan.

Aunque haya restos de verduras esparcidos por el suelo y esté tan sucio que la suela de las zapatillas quede ennegrecida, si la cocina es muy grande, me gusta. Si allí se yergue una nevera enorme,  llena de comida como para pasar un invierno, me gusta apoyarme en su puerta plateada. Cuando levanto los ojos de la cocina de gas grasienta y del cuchillo oxidado, en la ventana brillan estrellas solitarias.

Sólo estamos la cocina y yo. Pero creo que es mejor que pensar que en este mundo estoy yo sola.

 

Así comienza Kitchen, el primer libro de Banana Yoshimoto, y también uno de mis primeros contactos con Japón fuera del manga y el anime.

Descubrí este libro cuando tenía trece años y aún lo atesoro. Probablemente sea mi  equivalente a la saga de Harry Potter: cargaba con él a todas partes, lo releía una y otra vez hasta aprenderme de memoria mis partes favoritas. Cuando se empezaron a desprender las hojas, compré pegamento y las pegué con cuidado, lo forré con plástico para evitar que se manchara la portada. En cuanto se vencía el préstamo, lo renovaba nuevamente.

 

Durante un tiempo también fue algo así como mi gusto culposo.

No tenía mucho que me había puesto a leer novelas, pero todos eran clásicos. Estaba pasando por mi fase de “los rusos son los mejores escritores sobre la faz de la Tierra” (que probablemente aún conservo) y me había convencido de que sólo aquellos libros «bautizados por el paso del tiempo» valían la pena. Banana Yoshimoto estaba viva y escribiendo libros; mi cara no cabía de la vergüenza.

Pero Kitchen era más como tener una charla agradable con sus personajes y no lo podía evitar. Cada escena estaba cargada de significado. Ahora que puedo ver hacia atrás, me doy cuenta que aunque en aquel tiempo no conocía lo que era la verdadera nostalgia, eso era parte de lo que me hacía sentir. Añoranza y nostalgia, un punto de contacto. Como cuando en Evangelion hay escenas del atardecer, o de Shinji acostado en medio de la oscuridad de su habitación y sólo hay diálogo o ruidos en medio del silencio.

 

Una pluma era, en sí misma y en importancia, algo completamente diferente para ella y para él. Quizá también haya en este mundo alguien que ame apasionadamente las plumas.

 

Es por Kitchen que tomé cierto gusto por las cocinas y cocinar (aunque no sea bueno en ello), e incluso es la razón de por qué terminó gustándome hacer quehaceres como lavar los trastos.

Es por Kitchen que empecé a ver el té de forma distinta. Antes de este libro todo el té me sabía igual, pero de repente descubrí cómo puede enlazarse con el ánimo y el ambiente que me rodea. El día que bebí mi primera taza de Earl Gray fui transportado a aquel mundo: el sofá, la cocina de los Tanabe, Tokyo… me encanta ese sabor y aroma «parecido al jabón».

Kitchen también me abrió los ojos ante lo ordinario e irremplazable, «que por lo demás son (eran) cosas muy triviales».

Y finalmente, gracias a Kitchen mi amor por los libros creció, porque me di cuenta que tal como Mikage ama las cocinas, yo amo los libros. Alguna vez llegué a transcribir el primer párrafo de la novela pero con las palabras libros y biblioteca, en lugar de cocina; quizá fue una tontería, pero en aquel momento sentí que esos eran exactamente mis pensamientos por fin expresados hacia aquellos objetos.

Aunque este libro sea bastante sencillo, está rodeado de todas esas cosas que no hacen más que hacerlo imprescindible a mis ojos a pesar de los años. Quizá no tenga las historias más extraordinarias del mundo, pero tienen “algo”. Aquello que está presente en lo efímero. No sé si definirlo como sensibilidad japonesa, pero al leerlo, mantiene aquello que también está presente en Murakami, en Mishima, en Kawabata. Y es irreemplazable.

O quizá estoy exagerando y simplemente es mi Harry Potter.

Nunca lo sabré.

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Kitchen, trad. de Junichi Matsuura y Lourdes Porta (Barcelona: Tusquets, 1991), 3ra edición en colección Andanzas: abril de 1994.

Citas y Fragmentos de Confesiones de una máscara, de Yukio Mishima II

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… me sentía agobiado por una sensación de temor al pensar en que llegaría a adulto, y la conciencia de que iba creciendo estuvo siempre acompañada de una extraña y penetrante inquietud.

 

En esa ocasión, el cansancio me impidió formularme la pregunta que me había hecho millares de veces: ¿por qué es malo que siga siendo tal cual soy? Estaba harto de mí mismo.

 

Pensaba que quizá con entusiasmo (¡conmovedor pensamiento ciertamente!) podría escapar de mi infantil condición. Parecía que aún no me hubiera dado cuenta de que aquello que me asqueaba era mi verdadera forma de ser, formaba parte de mi verdadera vida. Era como si creyera que aquellos habían sido años de un sueño del que podría escapar a la «verdadera vida».

Sentía la necesidad de comenzar a vivir ¿Comenzar a vivir mi verdadera vida? Incluso en el caso de que se tratara de una pura mascarada y no de mi vida, realmente había llegado el momento en que debía ponerme en marcha, avanzar arrastrando mis pesados pies.

 

Cuando un muchacho de 14 o 15 años descubre que es más dado a la introspección y a la conciencia de sí mismo que la mayoría de los chicos de su misma edad, incurre fácilmente en el error de creer que ello se debe a que ha alcanzado una madurez superior a la de sus compañeros. Ciertamente cometí ese error. En realidad, aquella tendencia a la introspección se debía, en mi caso, a que yo tenía mayor necesidad que los demás de comprenderme a mí mismo. Ellos podían comportarse de acuerdo con su natural manera de ser, en tanto que yo debía interpretar un papel, lo cual exigía notable comprensión y estudio de mí mismo. En consecuencia, no se debía a la madurez, sino a mi sensación de incertidumbre, de incomodidad, que era la que me obligaba a tener pleno conocimiento de mí. Esa conciencia era un puente que me llevaba a la aberración, y, entonces mi manera de pensar tenía que limitarse a la incertidumbre, a la formulación de hipótesis.

 

Confesiones de una máscara, trad. de A. Bosch (Barcelona: Planeta, 1979), 4ta edición en colección Narrativa: junio de 1985.

Mi problema con Amy Farrah Fowler

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Las mujeres nerd y geek siempre han existido en todos los campos: Amantes de la programación, la ciencia, los comics, manga, anime y demás cosas que hacen que alguien se considere “geek”, “otaku”, “friki” “nerd” o cualquier otro término que cae en nuestro diagrama de Venn. Sin embargo, no tienen el mismo trato en la cultura geek que los hombres. Si nos vamos a la ciencia, nos enteramos que ellas ganan menos que sus contrapartes masculinos en cualquier campo; si nos vamos al mundo de los cómics, todos los Avengers consiguieron película menos Black Widow (y Hawkeye, y Hawkeye), la publicidad suele dirigirse al público XY, las figuras de acción de los personajes femeninos no son comunes y también están cuestiones como el acoso o los comentarios ofensivos. En mi opinión, el mundo del manganime es un poco más justo, pero también tiene sus puntos cuestionables. El podcast  de Fat Man on Batman lo confirma, las compañías (me atrevo a decir que aplica más en las occidentales) no están interesadas en invertir en productos dirigidos a las chicas del mundillo y quizá por consiguiente, tampoco en darles más personajes con los cuales identificarse*. Para ilustrar esto, me centraré en un programa que solía gustarme a pesar de la crítica que recibía por la sobre sexualización del personaje femenino principal: The Big Bang Theory.

Sheldon has a girlfriend

Smart is the new sexy, rezaba el slogan.

Aquí los nerds tomaban el protagonismo y no sólo eran personajes secundarios usados como broma. Bueno, en parte. El programa se trata justamente sobre esas excentricidades cliché en forma de comedia, pero también mostraba el otro lado de la moneda, lo que consiguió al inicio levantar y popularizar el orgullo nerd/geek**. Cuando estrenó vi un sitcom dirigido a un público específico que estaba ganando terreno, pero digerible y divertido para todo mundo.

Entre las filas femeninas el programa cuenta con Penny, la chica “normal” e interés romántico principal, definida al inicio como la rubia tonta pero atractiva, quien después revela tener un carácter más fuerte y masculino, al contrario de nuestros herbívoros protagonistas. De más está decir que pese a sus visitas a la tienda de cómics, fugaz interés en los MMORPGs y tener un grupo de amigos nerds, Penny no es una chica geek. Por otro lado, estaba Leslie Winkle, compañera de trabajo, amiga y enemiga a la vez, con comentarios sarcásticos y que ponía en apuros no sólo a Leonard, sino hasta el mismo Sheldon Cooper.

Tampoco Leslie Winkle compartía ninguna de las aficiones extra de los protagonistas y aunque era lo suficientemente apasionada en su carrera como para considerarla nerd científica, dejó el show después de un tiempo; posteriormente se introdujo a la mujer que logró tranquilizar la libido de Howard, Bernadette, quien tampoco comparte los gustos de su esposo, pero dado su doctorado en Microbiología, es usada como recurso cómico para algunos chistes de temática biológica. La hermana de Rajesh, Priya, tampoco entraba en la categoría de chica geek o nerd. Y finalmente llegó Amy Farrah Fowler, quien al inicio se nos describió básicamente como la versión femenina de Sheldon, y si bien no era fan de Star Wars, Star Trek, los cómics ni nada que no fuera trabajar con cerebros y leer artículos de revistas especializadas, sí entraba en la categoría de nerd de la ciencia.

Pero conforme la serie avanzó, los problemas que tenía con el show, que hasta entonces se habían limitado a una mueca ante los comentarios de superioridad entre una u otra rama de la ciencia, de repente llegaron a otro nivel. Dejando de lado el sobreexplotado tema de “chico-busca-chica”, noté que a veces le daban a las mujeres cierto aire de “son inteligentes, pero son menos inteligentes que ellos”, y aunque esto no parecía afectar al personaje de Amy Farrah Fowler, una mujer con sus propios intereses y aficiones, las cosas pronto cambiaron. De repente este personaje se intercambió por el de una Amy en busca de la aprobación de Sheldon y Penny, alguien con cierta obsesión por ser princesa y tener a la amiga popular que nunca tuvo en su adolescencia, en una búsqueda por conseguir llegar a segunda base con su novio. Ahora, no estoy en contra de las princesas, el color rosa, ni las relaciones interpersonales, ni tampoco en que al personaje le gusten estas cosas, pero el cambio me pareció tan brutal e innecesario, que sólo puedo ver su aspecto negativo.

El papel de Amy como novia de Sheldon no me gustó desde el comienzo, no obstante me agradó la idea de una mujer nerd que formara parte de la pandilla porque podía dar esa perspectiva femenina faltante. Sé que la actriz que interpreta el personaje tiene un grado académico en Neurología y que ayuda con los chistes biológicos de la serie, entonces

¿Qué demonios le pasó a Amy?

Me decepcionó el cambio que le dieron porque me quedé con ganas de una mujer científica que era graciosa y genial justo por ser como era y que no le importaba lo que pensaran de ella. Me quedé con ganas de una Amy que podía ser novia de Sheldon, pero su personaje no se basaba en ello.

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Y obviamente, ante la desconsoladora  realidad y el camino que lleva la serie, con más ganas me quedé de una representante femenina del mundillo. Una chica inteligente a la que además le gustaran Star Wars, Sherlock, GoT, los cómics y/o la ciencia ficción; con una cuenta en Tumblr que hiciera bromas de lo que puede encontrarse allí dentro de algún fandom. Que en las fiestas de Halloween se disfrazara con su crossdresing de Batman o su OC. Un personaje femenino que hablara de ciencia, ya fuera Física, Química o Biología, o ¿por qué no? Que estuviera graduada en Humanidades y se convirtiera en el dolor de cabeza de Sheldon porque “se considera” a su altura. Que vistiera de la forma en que quisiera. Con suéteres y faldas largas, con jeans, playeras y sudaderas que tuvieran leyendas al estilo de “my relationship status? netflix, oreos and sweatpants” o con sus propios conjuntos inspirados en Dr. Who, las Tortugas Ninja y demás. O a la moda, amante de las tiaras y el color rosa, pero que no se usara esto como estereotipo.

Sin embargo, a pesar del estancamiento de personajes, shows cancelados y lo que las compañías piensen, las mujeres están ganando fuerza en el mundillo, de eso no tengo duda. Hace 5 años las series de anime basadas en juegos otome no existían, hoy tenemos uno por temporada y el merchandising enfocado a ellas aumenta. En las redes sociales hay una gran cantidad de chicas nerd/geek que además de su profesión, dedican tiempo libre a comentar, hacer fanart o compartir creaciones propias entre personas con gustos similares. Antes las convenciones eran conocidas como lugares donde sólo se podía encontrar al cliché del chico nerd, hoy no sólo son eventos masivos que en algunos lugares sirven para dar a conocer las obsesiones del mañana, sino que cada vez se llenan de más mujeres, tanto haciendo cosplay o mostrando su trabajo, como simplemente asistiendo, disfrutando y comprando. También se han levantado las voces con campañas como la iniciativa Hawkeye o videos y artículos tocando el tema de la fake geek girl.

Aún hay un largo camino por recorrer y soy consciente de que dentro del mismo mundillo los fans no están unidos y hay problemas. Como siempre, el cambio está en que cada uno haga lo suyo para lograrlo, ya que cuando dejemos de ser tan jerks, el mundillo podrá dedicarse a problemas más importantes que a algo que debió superarse hace mucho tiempo.

Tutu Batgirl by Alex Law

Tutu Batgirl by Alex Law

*Hay una serie animada franco canadiense que sale en canal Once que descubrí hace poco llamada “Mi vida y Yo”, que sería de lo poco en programación occidental que me he topado con el tema de chica geek.

**No uso los términos nerd y geek como sinónimos, el empleo de la diagonal(/) es sólo para ahorrar espacio.

Favoritos del 2013

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Anime

Psycho-Pass. Fue uno de esos títulos que estaba esperando y se convirtió para mí en lo que esperaba que fuera No. 6. Excelente música, personajes que importan, buenos puntos de vista, ambiente, diseño de personajes, acción, etcétera. Una mezcla de todos los libros (y película) de los que habla Makishima llevado al anime. No puedo esperar para la segunda temporada.

Shin Sekai Yori. Desde que vi el poster de la serie sabía que habría algo en ella. No la vi de inmediato por estar hasta el fondo con Psycho-Pass, pero esto me dio la oportunidad de verla en maratón y ¡por Darwin!, hubo momentos en los que tuve que tomar un descanso porque hasta la cabeza me dolía de la ansiedad. La condición humana retratada como pocas veces. Al terminar de verla entiendes por qué Saki llora al final del primer ending.

Shingeki no Kyojin. Al inicio pensé que sería algo así como SAO por tanto buzz que veía, así que comencé a verla sin particular interés sólo porque iba a intercambiar opiniones y el opening me había gustado. Pero te atrapa. Cada capítulo te atrapa. De repente consideré que en algunas partes era muy lento, pero al mirar atrás no fue así, todo estuvo muy bien hecho y tuvo una razón. Como con Psycho-Pass, la animación, música, diseño de personajes y evolución de los mismos, ambientación, acción y demás no tienen desperdicio alguno.

Series de anime que no me perdí y fueron el complemento perfecto para compensar la angustia de los preferidos

The World God Only Knows 3ra temporada. Y seguimos con las aventuras de Holy Nii Sama. Aunque prefiero las temporadas anteriores, el giro que hay en la trama y ese momento en el festival de la escuela, le dio cierto toque que no creí que vería en esta serie.

Watamote. Una de esas series en las que no sabes si reír o llorar. A veces quería ahorcar a Motoko, otras veces la entendía y otras más, casi me mataba de risa. Sin duda memorable.

Folktales from Japan. No tengo nada más que decir salvo que es una serie muy linda y de alguna forma, nostálgica. También descubrí que conozco más de estas historias de las que imaginaba.

Genshiken 2da temporada. Cuando Motoko crezca y entre a la universidad se dará cuenta que no estaba sola, sólo tenía que encontrar a las chicas de Genshiken. Me encantó que esta temporada tratara sobre el mundo de las fujoshi y a la vez pudiera seguir las historias de los personajes de siempre. Además de los guiños a algunas de mis series favoritas (Cuando vi la pareja de Slam Dunk, casi grito).

Nagi no Asukara. A veces pienso que podría ser el nuevo Shin Sekai Yori, pero ya no sé. Lo que sí sé es que es más de lo que parece en un principio. Los colores que emplean, el diseño de personajes, el desarrollo de la historia y los protagonistas también es muy bueno, tanto que consigo olvidar la inverosimilitud de la vida en el fondo del mar tal como la retratan. Y el ending, uff.

White Album 2. Creí que sería una serie romántica muy tranquila con tema navideño, basada en algún juego. Sí está basada en un juego, pero de tranquila no tiene nada, a pesar de lo que se pudiera pensar en algún momento. Especialmente al llegar a cierto punto en la historia, cada capítulo se vuelve mejor y muestra muy bien lo complicado de los sentimientos y las relaciones. El opening tomó más sentido para mí cuando terminó la serie. No creo que hagan una segunda temporada para ver el verdadero final y quizá no lo necesite. Da la suficiente ambigüedad para que todos queden conformes.

Libros

Los años de peregrinación del chico sin color de Haruki Murakami (Editorial Tusquets). Toca los temas por los que Murakami se ha hecho popular, tal como la soledad y como nos afecta el paso del tiempo. Hubo ciertas cosas que deja en el aire y que me hubiera gustado saber, pero esa ambigüedad nunca me ha desagradado.

Los superhéroes y la filosofía de Tom Morris y Matt Morris (compiladores) (Editorial Blackie Books). No soy muy fan de los superhéroes occidentales, aunque hay unos que sigo más que otros y le verdad compré el libro porque la portada era graciosa y me gusta la filosofía, así que qué podía perder. Es una compilación de ensayos bastante interesantes y entretenidos que consiguen llevar la filosofía y el tema de los superhéroes de la mano. Algo como a mí me habría gustado que fueran mis clases de filosofía de la preparatoria. Hasta consiguió que Superman me cayera mejor (algo que no creí que pudiera suceder jamás), y eso es más que bastante crédito para el libro. Una lástima es que es probable que sea leído más por fans de los cómics que por aquellos que ridiculizan a quienes les gusta este tipo de entretenimiento, porque creo que si estos últimos leyeran al menos dos de los ensayos de este libro, se darían cuenta de la riqueza de temas que hay no sólo en el cómic occidental, sino en el manganime. Ojalá un día de estos vea también algo como El manga (o anime) y la filosofía.

Mientras escribo de Stephen King (Editorial Random House Mondadori). Desde que inició mi gusto por la literatura tuve cierta aversión a leer al conocido Maestro del terror. Este libro cambió eso. El autor no será Dostoyevsky pero sabe lo que hace y pienso que este es un libro sincero. Habla de su vida y como la escritura está inmersa en ella. También da buenos consejos y ejercicios para aquellos que se quieren dedicar al oficio de la escritura. Imprescindible.

Hipsters, un manual ilustrado de Jorge Pinto (Editorial Aguilar). No paras de reír con este hombre. El primer libro donde Navarra es el protagonista nos muestra la delgada línea entre la burla y la autocrítica de forma divertida.

Canciones que no puedo dejar de escuchar

Citas y fragmentos de N.P., de Banana Yoshimoto I

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» El rumor de la lluvia.

» Yo escuchaba en silencio.
Él dijo entonces:
-Qué bello es Japón, ¿verdad?
-¿Cómo? ¿Qué has dicho ahora?
Me sobresalté; creía que estaba durmiendo. Cuando me di la vuelta, vi que me estaba mirando con la cara completamente desvelada, sin rastro de sueño.
-Aquí hay flores de cerezo –dijo.
Pensé que debía estar completamente ebrio, hablándome de las flores de cerezo en verano, pero, sin embargo, respondí:
-Sí, es verdad.
Otohiko hablaba con la cara vuelta hacia la ventana.
-La primavera del primer año que estuve en Japón llovía y llovía. No hacía más que llover. Yo no le veía gracia alguna a Japón y me sentía muy deprimido. Sin embargo, un día de lluvia, me emocioné al ver las flores de cerezo a través de la ventanilla de un taxi. El cielo estaba nublado y el cristal de la ventanilla empañado, como ahora. Apenas se veía algo de fuera. Al otro lado de la ventanilla, junto a la vía del tren, había una tela metálica verde y más allá se vislumbraba, a lo lejos, el color rosado de las flores de cerezo. Había flores por todas partes. Las vi, por primera vez, a través de este doble filtro borroso. Entonces comprendí el misterio de Japón, donde, en primavera, los cerezos ofrecen una auténtica exhibición de flores.»

N.P., trad. de Junichi Matsuura y Lourdes Porta (Barcelona: Tusquets, 1994), 1ª edición en colección Andanzas: julio de 1994.

Anime al Aire

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yuumei.deviantart.com

Hace poco estuve desempolvando mis cds; viejas mezclas caseras de indie rock, animemusic, audio dramas y aquellos discos que incluían las revistas del mundillo de hace una década. Entre estos últimos he de decir que la mayoría son de Minami, una revista española sobre manganime buena como pocas… o ninguna. El número 17 saltó a la vista con su portada de la despampanante Naga de Slayers. No dudé en ponerlo. ¿La razón? Que incluía tres programas de radio de un proyecto mexicano llamado Anime al Aire.

Tengo con ese disco casi diez años y al escuchar cada uno de estos programas aún me emociono. Me sorprendió mucho por su calidad, buenos diálogos, información, perfecta selección de música; los temas que eligieron no podían ser mejores para enganchar al espectador: Utena, Macross y Yoko Kanno. Durante la época en la que aquel disco era nuevo me la pasaba escuchando estas tres pistas una y otra vez. No recuerdo qué pasó después. Minami no volvió a agregar un programa de Anime al Aire y entre todo el revuelo de la juventud nunca investigué más sobre ello. Con el tiempo guardé el disco en una caja y así fue pasando de lugar en lugar hasta hace unas pocas semanas. Hoy su página oficial no existe. Si meto en un buscador “Anime al aire” o “Papacha anime” los resultados más recientes que encuentro son del 2003, 2005 o 2010 (y los audio de los programas que ya nombré, además del de Robotech y Saint Seiya (ノ*゜▽゜*) ¡yay!), y sólo son pequeños comentarios, nada que me indique qué fue de ese gran proyecto o sus creadores. Y es que aunque no puedo asegurarlo, hace diez años no había nada así.

Ahora existen muchas “estaciones de radio” en tiempo real por internet y podcast sobre anime que además cuentan con una gran variedad de temas y estilos, pero no algo como este programa, al menos para mí. Anime al Aire no trataba exactamente sobre noticias, sino sobre divulgación. La divulgación positiva que tanta falta le hace a la animación japonesa. Era uno de esos proyectos que te daban ganas de ponerles a los amigos y familiares que se burlaban de ti por ver “caricaturas” o desear que una estación de radio normal la transmitiera. Y así, después sonreír triunfal con cara de «Por eso me gusta, por eso estoy en esto».

Quizá lo que trato de decir es que aunque hay buenas opciones allá fuera, ninguna me ha enganchado como Anime al Aire. Soy un dinosaurio, qué puedo hacer. Pero como solían decir «El anime no sólo se ve, también se escucha» y ningún programa ha conseguido convencerme tanto de esa premisa como ellos.

Sobre Haruki Murakami

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Aprovechando que acaba de salir en Japón la última novela de este autor japonés (El descolorido Tsukuru Tazaki y sus años de peregrinaje), pensé en hacer reminiscencia de cómo lo conocí, cómo me enamoré de sus historias y el sorprendente boom que ha tenido en los últimos años.

Conocí el nombre de Haruki Murakami hace unos 6 o 7 años, quizá un poco más. Curioseando como siempre la sección de libros de Sanborns recuerdo haber visto el título Al sur de la frontera, al oeste del sol. Era la colección Andanzas de Tusquets, de tapa blanda con solapas color negro, título en letras blancas y una imagen que ocupa casi todo el espacio. Me pregunté si sería un autor japonés o sólo un autor con nombre japonés. El libro estaba cubierto en plástico, así que sólo pude leer lo que decía la contraportada; no recuerdo el texto, pero no sonaba extraordinario, cursi incluso, así que sin más devolví el libro a la estantería y seguí mi camino. Tampoco tenía dinero, todo sea dicho, pero supongo que no fue un buen comienzo. Tiempo después encontré  Crónica del pájaro que da cuerda al mundo con un número de páginas considerable, del mismo autor y de la misma colección que la anterior. Quizá allí empezó mi curiosidad por saber quién era ese Haruki Murakami. Por ese entonces conocí el blog de Jorge Romero, quien en una de sus entradas escribía sobre Sputnik, mi amor e incluía un fragmento sobre dicha novela. Recuerdo que cuando lo leí, me entró una sensación extraña; no sé bien cómo definirla, la palabra que me viene a la mente es “vívida”. Recuerdo una luz de luna vista a través de una ventana. Recuerdo el cuerpo de una mujer recostado en una cama e iluminado por aquella luz blanca y recuerdo el cuerpo a espaldas de un hombre que observaba esta misma escena.

Comencé a trabajar, era en la tienda de una tía. El primer sueldo de mi vida. Con mi primer paga compré tres cosas: un pants adidas, mi gundam Heavyarms y Tokio Blues Norwegian Wood, de (por supuesto) Haruki Murakami. No sé si pensé en ir a buscar Sputnik, mi amor o si creí que aún estaría Crónica del pájaro que da cuerda al mundo. Puede que haya visto Norwegian Wood unas semanas antes y al ser del mismo autor me decidiera a comprarlo desde entonces, lo cierto es que este fue el primer libro de Murakami que compré y leí.

Y fue amor al primer párrafo. Literalmente, no lo pude soltar. Quizá también influyó mi edad y carácter, ya que la identificación aparecía con extraña regularidad. Pero más que nada, porque tenía tiempo que no leía un nuevo libro que me brindara “desaparecer”. Cada vez que cerraba el libro me sentía extraño, pues despertaba en una sala, cuando unos segundos antes estaba en un bosque desolado, caminaba por las calles de Tokyo bajo la lluvia o comía pepinos con salsa de soja en un hospital. A veces, hay libros así. También marcó mi entrada a los libros con temas sexuales(o más bien, con palabras) explícitos. Antes de esa lectura no recuerdo haber leído tanto sobre relaciones sexuales. En fin, lo dice una persona que tardó en entender el capítulo del “juguete” en Confesiones de una máscara. Pero bueno, que fue todo un viaje. Allí estaba yo, con ese libro que leía y releía, buscando el Gran Gatsby y copiando en cuanta hoja podía cada párrafo que me gustaba (porque prefiero no subrayar libros).

No sé cuánto tiempo pasó, pero eventualmente encontré Sputnik, mi amor y la historia se repitió. Y después Kafka en la orilla. Y después Sauce Ciego, Mujer dormida, donde también aprendí que había historias que no entendía y terminaban por no gustarme (la del mono). After Dark también fue algo extraña, no porque fuera mala, sino porque era más… ¿gráfica? No sé si es la palabra correcta, pero es que al leerla me daba la impresión de estar viendo una película. Como ver el video de El Aro, unas imágenes raras que no acaban de tener sentido. Tiene cosas buenas, pero debo admitir que después de la primera leída no lo he tocado mucho más. Tal vez sólo soy yo. Quizá un día de estos lo tome de nuevo, lo relea y diga «Pero si he sido un tonto, es una historia perfecta».

No hay mucho más que decir, ya que últimamente hay blogs dedicados a este autor en listas de Nobel con mejor idea de lo que es su obra que yo. De repente me encuentro con personas en mi lista de amigos del facebook que han leído novelas suyas, e incluso ya hay versión cinematográfica de Norwegian Wood, Tony Takitani y un cortometraje sobre no sé qué otra historia. Es interesante ver este fenómeno. Tal vez es porque Haruki Murakami es un buen intermedio entre el mundo occidental y el mundo oriental. Ciudadano del mundo.

Sé que no fui el primero en leer a Haruki Murakami ni seré el último, y no sé si en general es un buen autor o no, pero a mí me gustan sus historias y a muchos otros también. Agradezco que se sigan publicando sus novelas y que éstas lleguen con relativa rapidez a las librerías. Me gusta que la gente suba las imágenes de su colección de libros de Murakami y fotos de sus gatos con libros de Murakami y fanart y demás. Curiosamente, no he podido leer los libros con los que conocí el nombre de este autor. No porque no quiera, sino porque tengo por regla no comprar ninguna otra versión de los libros de Murakami que no sean aquellos de pasta negra con letras blancas de Colección Andanzas de Tusquets. Es una cosa personal, como un tic. Con ellos me introduje a la literatura japonesa contemporánea (con Banana Yoshimoto, de la que ya escribiré) y es mi manera de agradecerles. Y también el que me gusta que mis cosas se vean lo más uniformemente posible. En fin. Y cuando todo hubo acabado, el rey y sus súbditos se mondaron de risa.

Escape to another world