• About

whatitalkaboutwhenitalkaboutanything

~ De qué hablo cuando hablo de…

whatitalkaboutwhenitalkaboutanything

Archivos de etiqueta: nostalgia

Cuando debes decirles adiós a tus VHS de anime

20 miércoles Abr 2016

Posted by bluestratos in Uncategorized

≈ Deja un comentario

Etiquetas

nostalgia, reflexión

vhs_final

Empecé a grabar anime a mis once años más o menos. Como lo supondrán aquellos que hayan leído más posts de este blog, todo comenzó con Slam Dunk. O al menos así lo recuerdo. Después de que mis caricaturas de la tarde empezaron a tener cambios de horario sin previo aviso, mi preocupación por no volver a ver a mis personajes preferidos inundó mi mente hasta que tomé la videocasetera y comencé a darle al botón de REC. Escaflowne, Dragon Ball Z: los guerreros del futuro, los ovas de Magic Knight Rayearth, Slam Dunk, los pocos episodios de Detective Conan…

Grabar por las tardes no era un gran problema, pero después tuve que despertarme a las 6 de la mañana para poder grabar Slam Dunk por los sábados. Estar muy al pendiente del canal porque de repente te ponían algo como te lo quitaban. Usar la técnica de Tigre caído Saotome para suplicarle a mi primo que grabara algunas cosas por mí cuando yo no podía hacerlo por tener innecesaria vida social. Aún recuerdo como mi prioridad de tener comida durante el receso fue reemplazada por tener más cintas para grabar y la felicidad de descubrir la diferencia entre grabar en EP contra SP, porque podía tener más episodios por cinta (y aunque el SP era de mejor calidad, tampoco la sentía muy distinta de EP). Aprender el timing para quitar los comerciales. Con Gundam Wing sufrí al darme cuenta que Cartoon Network censuraba la serie por las tardes y tuve que asegurarme de grabar la versión noctuna, a veces obligando a mis tíos a recortar nuestras noches sociales porque yo debía estar a tiempo para grabar.

No todos mis VHS fueron grabaciones caseras, algunos los compré. En una época donde la industria del anime a nivel internacional no era lo que es hoy, incluso en la clandestinidad se debía gastar algo más de lo que un padre estaba dispuesto a darle a su hijo de “domingo” (especialmente si dicho padre está en contra del hobby del niño/a). Algún día contaré como la señora de las estampitas cambió mi forma de gastar dinero, de momento, sólo diré que esta señora también llevaba VHS de series de las que yo sólo había leído en Domo y además eran caros para no ser material original. Hoy puedes encontrar en el mercado la serie completa de tal o cual título a 50 pesos. En aquel entonces 3 episodios te costaban mucho más. Nunca olvidaré la primera vez que vi Evangelion en una de esas cintas.

Esa es la cosa con la nostalgia, tus recuerdos se funden con las cosas que posees, con aquel libro o aquella serie o esa bicicleta azul que al inicio odiabas o la casa en la que solías vivir o la escuela a la que solías asistir. De repente todo esto deja de ser un objeto y se convierte en algo único y casi mágico para cada uno. Por eso es tan difícil deshacernos de aquellos objetos.

Lo cierto es que no puedes llevarte todas las cosas que hay en tu habitación cuando te mudas. Y en algún momento algo que usas  debe reemplazar lo que no has tocado en más de un año. Tuve que guardar mis VHS en una caja y esa caja paso de un lado a otro. Cuando el DVD finalmente reemplazó a las viejas videocaseteras ya ni siquiera era necesario guardarlos, pero lo hice. Incluso me propuse pasar todas mis grabaciones a DVD, lo que sólo quedó en palabras.
Un día el lugar donde había quedado mi caja se inundó. El tiempo pasó y cuando por fin volví a ver todas mis cintas, estaban rotas, polvosas y oxidadas. No había mucho que salvar y no había necesidad de hacerlo. Aquel futuro que temí en mi niñez nunca ocurrió. Gracias al internet aún puedo ver aquellas series que pasé horas grabando. Hay otras que no, pero estoy trabajando en ello. A veces, al ver algún episodio en estos nuevos formatos pienso: “aquí estaba el anuncio” o “yo grabé eso mejor” y siento una punzada. Nunca olvidaré todas las experiencias que pasé grabando y viendo aquellas series que me hicieron tan feliz. Mis primeras experiencias del anime fuera de lo que se ofrecía en televisión, el sobrenombre que tengo dentro de mi familia, también están relacionadas con esas cintas. No se puede evitar sentir que dejar algo que representa tanto para nosotros es como cuando alguien muere. Y quizá sea una exageración o quizá no los sea, pero de cualquier forma los recuerdos viven por siempre y hay cosas y personas de las que hay que despedirse.

Cada uno de nosotros es una máquina del tiempo. Nosotros estamos en el centro del universo. No en el sentido en el que era concebido mitológicamente, sino en algo más einstaniano, tal como lo expone Dennis Overbye en un artículo para el New York Times. Esta vez, sólo quise mostrar un fragmento de lo que veo en esta máquina del tiempo que es mi cerebro. De vez en cuando me viene a la mente que todo esto de jugar con nuestras viejas consolas y videojuegos, usar bicicletas o cámaras viejas, retomar la máquina de escribir o guardar unos viejos VHS es parte de nuestro deseo de viajar en el tiempo, aferrarnos a nuestros recuerdos, y por eso terminamos pensando que lo anterior siempre es mejor, más orgánico o más artesanal, de lo que tenemos hoy. Sé que no puede reducirse sólo a eso, pero a veces pienso así. Tratamos de imaginar el futuro pero terminamos remontándonos al pasado. Quizá es porque es el único lugar al que podemos mirar. Se puede imaginar el futuro pero lo más cercano que tenemos a la certeza está en el pasado. Por eso la nostalgia es inevitable, especialmente cuando debes decirles adiós a tus viejos VHS de anime.

Sobre Kitchen, de Banana Yoshimoto

05 lunes May 2014

Posted by bluestratos in Libros

≈ 1 comentario

Etiquetas

Banana Yoshimoto, citas, Kitchen, libros, nostalgia

Creo que la cocina es el lugar del mundo que más me gusta. En la cocina, no importa de quien ni cómo sea, o en cualquier sitio donde se haga comida, no sufro. Si es posible, prefiero que sea funcional y que esté muy usada. Con los trapos secos y limpios, y los azulejos blancos y brillantes.

Incluso las cocinas sucísimas me encantan.

Aunque haya restos de verduras esparcidos por el suelo y esté tan sucio que la suela de las zapatillas quede ennegrecida, si la cocina es muy grande, me gusta. Si allí se yergue una nevera enorme,  llena de comida como para pasar un invierno, me gusta apoyarme en su puerta plateada. Cuando levanto los ojos de la cocina de gas grasienta y del cuchillo oxidado, en la ventana brillan estrellas solitarias.

Sólo estamos la cocina y yo. Pero creo que es mejor que pensar que en este mundo estoy yo sola.

 

Así comienza Kitchen, el primer libro de Banana Yoshimoto, y también uno de mis primeros contactos con Japón fuera del manga y el anime.

Descubrí este libro cuando tenía trece años y aún lo atesoro. Probablemente sea mi  equivalente a la saga de Harry Potter: cargaba con él a todas partes, lo releía una y otra vez hasta aprenderme de memoria mis partes favoritas. Cuando se empezaron a desprender las hojas, compré pegamento y las pegué con cuidado, lo forré con plástico para evitar que se manchara la portada. En cuanto se vencía el préstamo, lo renovaba nuevamente.

 

Durante un tiempo también fue algo así como mi gusto culposo.

No tenía mucho que me había puesto a leer novelas, pero todos eran clásicos. Estaba pasando por mi fase de “los rusos son los mejores escritores sobre la faz de la Tierra” (que probablemente aún conservo) y me había convencido de que sólo aquellos libros «bautizados por el paso del tiempo» valían la pena. Banana Yoshimoto estaba viva y escribiendo libros; mi cara no cabía de la vergüenza.

Pero Kitchen era más como tener una charla agradable con sus personajes y no lo podía evitar. Cada escena estaba cargada de significado. Ahora que puedo ver hacia atrás, me doy cuenta que aunque en aquel tiempo no conocía lo que era la verdadera nostalgia, eso era parte de lo que me hacía sentir. Añoranza y nostalgia, un punto de contacto. Como cuando en Evangelion hay escenas del atardecer, o de Shinji acostado en medio de la oscuridad de su habitación y sólo hay diálogo o ruidos en medio del silencio.

 

Una pluma era, en sí misma y en importancia, algo completamente diferente para ella y para él. Quizá también haya en este mundo alguien que ame apasionadamente las plumas.

 

Es por Kitchen que tomé cierto gusto por las cocinas y cocinar (aunque no sea bueno en ello), e incluso es la razón de por qué terminó gustándome hacer quehaceres como lavar los trastos.

Es por Kitchen que empecé a ver el té de forma distinta. Antes de este libro todo el té me sabía igual, pero de repente descubrí cómo puede enlazarse con el ánimo y el ambiente que me rodea. El día que bebí mi primera taza de Earl Gray fui transportado a aquel mundo: el sofá, la cocina de los Tanabe, Tokyo… me encanta ese sabor y aroma «parecido al jabón».

Kitchen también me abrió los ojos ante lo ordinario e irremplazable, «que por lo demás son (eran) cosas muy triviales».

Y finalmente, gracias a Kitchen mi amor por los libros creció, porque me di cuenta que tal como Mikage ama las cocinas, yo amo los libros. Alguna vez llegué a transcribir el primer párrafo de la novela pero con las palabras libros y biblioteca, en lugar de cocina; quizá fue una tontería, pero en aquel momento sentí que esos eran exactamente mis pensamientos por fin expresados hacia aquellos objetos.

Aunque este libro sea bastante sencillo, está rodeado de todas esas cosas que no hacen más que hacerlo imprescindible a mis ojos a pesar de los años. Quizá no tenga las historias más extraordinarias del mundo, pero tienen “algo”. Aquello que está presente en lo efímero. No sé si definirlo como sensibilidad japonesa, pero al leerlo, mantiene aquello que también está presente en Murakami, en Mishima, en Kawabata. Y es irreemplazable.

O quizá estoy exagerando y simplemente es mi Harry Potter.

Nunca lo sabré.

Image

 

Kitchen, trad. de Junichi Matsuura y Lourdes Porta (Barcelona: Tusquets, 1991), 3ra edición en colección Andanzas: abril de 1994.

Archivos

  • octubre 2025
  • junio 2025
  • mayo 2025
  • julio 2023
  • noviembre 2016
  • abril 2016
  • febrero 2015
  • enero 2015
  • noviembre 2014
  • agosto 2014
  • julio 2014
  • junio 2014
  • mayo 2014
  • enero 2014
  • junio 2013
  • abril 2013
  • marzo 2013
  • junio 2012
  • mayo 2012
  • abril 2012
  • julio 2011

Entradas recientes

  • De qué hablo cuando hablo de escribir
  • Fragmentos de «Idol, Burning» de Rin Usami. Parte I.
  • Fragmentos de «El Poder del Perro» de Thomas Savage
  • ¿Reo me arruinó a Nagi?
  • The First Slam Dunk: Menos spokon, más drama. Primera parte.

Categorías

  • Anime
  • Cómic
  • El mundillo
  • Fanfiction
  • Libros
  • Uncategorized

Blog de WordPress.com.

  • Suscribirse Suscrito
    • whatitalkaboutwhenitalkaboutanything
    • ¿Ya tienes una cuenta de WordPress.com? Inicia sesión.
    • whatitalkaboutwhenitalkaboutanything
    • Suscribirse Suscrito
    • Regístrate
    • Iniciar sesión
    • Denunciar este contenido
    • Ver el sitio en el Lector
    • Gestionar las suscripciones
    • Contraer esta barra
 

Cargando comentarios...